sábado, 26 de abril de 2014

La afonía de Lienzo

Las “cuerdas vocales” virtuales que le servían para expresarse con quienes querían escucharle en el mundo, a través de Internet, han sufrido una inesperada afonía. No pueden articular palabra, ni siquiera un simple lamento de angustia. Mudas a cal y canto, como si de una maldición se tratara. El “cuerpo” que las alojaba ha sido apartado de la atalaya desde donde emitía, con cadencia periódica y diversidad de tonos y estilos, su voz. El blog Lienzo de Babel ha enmudecido, confiemos que temporalmente, tras más de 900 entradas publicadas y cerca de 50.000 visitas registradas.

Un cúmulo de circunstancias y torpezas es la causa de esta súbita afasia, algunas ajenas por completo al paciente y otras debidas al desconocimiento irresponsable de los recursos que utilizaba. Lo cierto es que unas y otras han ocasionado la mordaza que supone impedir desde un servidor seguir utilizando un dominio de Internet, por no haber renovado a tiempo la suscripción… y no saber actualizarla con diligencia y antelación. Lo primero es achacable a la fusión de una entidad bancaria que rechazó el pago domiciliado del recibo, y lo segundo a la torpeza de quien no atendió el requerimiento de renovación ni supo realizarla a través de los cauces establecidos.

Y es que Lienzo de Babel era realizado como quien conduce habitualmente un vehículo: sabe usarlo pero desconoce cómo funciona. Era un instrumento sumamente sofisticado para quien es absolutamente ignorante en las nuevas tecnologías, aunque las utilice confiado en la honestidad de su empeño. Convencido de que lo realmente importante era el “mensaje”, prestaba poca atención al medio, a los canales y hasta al ruido de toda comunicación. No resulta extraño, por tanto, que tarde o temprano sufriera un percance.

Amigos y conocidos en brebajes y cataplasmas intentan calmar al paciente, dolorido más por su ineptitud que por la afonía que sufre. No es tan grave su mal porque ni lo que decía era importante ni prácticamente nadie lo echará de menos. Pierde sólo la memoria de lo dicho, la coherencia de un pensamiento que podía rastrearse en el pasado reciente y la ilusión de que algún “babilonio” despistado respondiera a ese afán de comunicación que justificaba la existencia de Lienzo de Babel, mostrando su coincidencia o disenso. Es decir, intercambiando miradas del mundo y del hecho de compartir el momento que les ha tocado vivir, sin estar constreñidos a un espacio limitado y remoto y sin necesidad de levantar la voz, articulando aquello que marca la diferencia con los animales: el raciocinio y la palabra.

Confiamos, a pesar de su insignificancia, en su pronta recuperación.

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